A los que no nos haya tocado la lotería, no desesperemos. Nos ha tocado Rajoy para rato. O al menos, nuestro décimo humano del PP, si resulta ganador, así lo promete- o amenaza, según cómo se vea-.
Desde su púlpito en la más remota de las realidades, el buen señor Rajoy ha declarado que, al igual que su no predecesor, el ex presidente Aznar (lo digo porque su predecesor sería Zapatero), dejaría el poder después de ganar las elecciones por segunda vez.
Claro, está por verse si las gana por vez primera (para empezar, ¿no?).
No contento con no gobernar una primera vez, nos amenaza con presentarse no una, sino dos veces por la carrera presidencial española.
Id est, que si pierde ahora en 2008, es más que seguro que su cabeza piense que lo hará de nuevo cuatro años después. Pobre Partido Popular digo yo.
Además de esta decisión, desde el presidenciable entorno Rajoyano (podría ser un equipo de fútbol) se van aclarando otras relacionadas con las listas.
El líder del PP ha tomado la decisión de reformar su apuesta electoral con al menos cuatro eurodiputados populares, que dejarán Bruselas para formar parte de las candidaturas a las generales. Aunque no quieran.
El señor Solbes nos culpa a los españoles por el alza de la inflación. ¿Por qué? porque, según el señor ministro, aunque hace tiempo nos enteramos de lo que vale un peine, aún no sabemos lo que vale un euro.
Acusados de dejar demasiada propina, ya que no valoramos el euro, resulta que esto influye en la tasa de inflación. Of course. La correlación propina/ precio de los pisos/ salario mínimo es obvia.
"Veo propinas de un euro por dos cafés, que es el 50% del valor del producto" ha dicho el buen hombre; tan campechano él.
¡Yo que pensaba que la inflación era todo cosa de superavits, balanza de pagos, inversiones, el empleo/desempleo y la economía global (entre otras cosas)!
Pues no. La culpa, señores, es nuestra por ser generosos con los camareros del bar. ¡¡¡¡¡Los muy hijos de P**a!!!!!
Pues eso se tiene que acabar, no sea que sigamos dejando propinas a diestra y siniestra y nos carguemos la economía sin querer.
Y resulta que además de todo, somos olvidadizos.....como lo lee usted.
Además de no saber lo que vale un euro, los españoles hemos dejado de saber lo que es una cena de Navidad.
Nuestro Gobierno nos ha recomendado comer carne de conejo esta Navidad para afrontar la subida de los precios.
O sea, que se nos ha olvidado que 20 céntimos son32 pesetas, y que con un conejo en la cocina estamos más que servidos para la cena navideña.
Que lo sepas.
Good bye langostinos, good bye pavo navideño, good bye cordero.
Algo va mal en un país en el que sus calles, plazas y parques llevan el nombre de dictadores, generales golpistas, asesinos, secuestradores y extorsionadores. Algo va mal en un país en el que su población peca de tal ignorancia que increpa al gobierno de la nación por lo mal que va el sistema educativo, sanitario o de servicios sociales, cuando la gestión y funcionamiento de los mismos depende de los diferentes gobiernos autonómicos y municipales. Algo va mal en un país en el que, aún llendo mal esos servicios, la población sigue votando, una y otra vez, a aquellos que los gestionan desde los gobiernos autonómicos y municipales para favorecer intereses privados en detrimento de los públicos, en detrimento de ese pueblo ignorante que les ha votado y les sigue votando. Algo va mal en un país en el que la población se manifiesta por las calles haciendo hondear banderas con el buitre, el yugo y las flechas, coreadas con gritos xenófobos, racistas y fascistas. Algo va mal en un país en el que se contesta con risas gritos racistas como los escuchados en Totana, que, además, abogaban por el linchamiento de socialistas y gente de Izquierda Unida. Algo va mal en un país en el que un partido político mayoritario no cree en la extensión de derechos para todos los ciudadanos, en la reivindicación de la historia como desafrenta de aquellos que fueron asesinados de un tiro en la nuca en cualquier cuneta, que no cree en el diálogo, en el consenso, en la política, y sí en el "por mis cojones". Algo va mal en un país en el que se le paga a un representante del KKK por dar una conferencia ¡en una librería! Algo va mal en un país en el que los jóvenes protestan por el asesinato a sangre fría de una persona gritando "A por ellos como en Paracuellos". Algo va mal en un país en el que los ciudadanos que más confían en las instituciones y la policía no son oriundos de ese país.
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No es cierto, no es que algo vaya mal, es que eso es España. Ese es este país nuestro de Dalí, donde el surrealismo es el pan nuestro de cada día, donde el ciudadano peca de falta de capacidad para lograr captar el total, y sólo acierta a ver parte de esas esferas que pasan a su lado sin lograr ver el conjunto del cuadro de la Galatea. Pero porque quiere, porque lo prefiere así. Un país surrealista en el que la democracia se mantiene a base de pelear cada día contra los bizcos, los tuertos, los ciegos, los eunucos, los mancos, los mojigatos, los pánfilos, los majaderos, los mamporreros, los sordos, los demagogos... y, sin embargo, sobrevive. De forma milagrosa sigue respirando y bullendo a pesar de nazionalismos patrios o pecebreros, de radicalismos y conservadurismos. A pesar de todo, sobrevive. Puro surrealismo.
No es perfecta, ¿Para qué demonios querría nadie una democracia perfecta en el país de Dalí? es deseable, es hermosa una democracia en continua perfectibilidad, en continuo cambio, en continuo camino a lo que los ciudadanos quieran que sea, en continua construcción, estructuración, arreglo, guiso y sazón por la expresión de los votos de todos, incluso de los que no votan y, así, botan a la basura lo que piensan y expelen en las barras de los bares... tal vez porque ese sea el lugar que le corresponde a sus razonamientos. Al fin y al cabo, todo encuentra su lugar en el universo, como los votos en contra del movimiento continuo, en contra de la única excepción real a las leyes de la mecánica; siempre minoría, siempre gritando, siempre exagerando, siempre jodiendo, siempre queriendo sacar lasca, siempre blandiendo la cruz, la postura del misionero, las familias numerosas llenas de churumbeles descalzos con mocos colgando por la patria, todo por la patria, la españa en minúsculas de pandereta y faralay, el demonio con cuernos, rabo, hoz y martillo, el vuelva usted mañana, el spain is diferent, los reyes godos, el Cid que se vendió al mejor postor en Valencia - español de raza, sí señor-, la amenaza del moro, el tanto tienes tanto vales, el todo tiempo pasado fue mejor, el "que vuelva Paco, aunque sea de corneta". Puro surrealismo.
Pero yo no la cambio por nada. Sigue siendo la mía, la nuestra, la de todos; de los monosabios, de los mastuerzos, de los catetos papanáticos, del niño y la niña, de la chochona, de mi abuelo, de mi padre, de mi hijo, del coronado y del republicano, del euskaldún con txapela, del cántabro azul, del astur guerrero, del andaluz bético, del canario majorero, de todos. Y lo es porque así lo quisimos cuando votamos por el Parlamento democrático que salió de las urnas en 1977, y lo reflejamos en nuestro masivo sí a la Constitución que recoge nuestra idiosincracia, nuestro surrealismo genético y endogámico. Cuidado, eso no significa que la Constitución no se pueda cambiar, modelar, recolocar o estrujar, sino todo lo contrario.
Ya digo, puro surrealismo, el nuestro, propio, inevitable, inigualable, y me gusta.
Tele MACO
Un artículo, un vídeo
Suena de fondo "España cañí", de Pascual Marquina Narro.
Pensábamos que no podía volver a pasar, y menos ahí, pero nos hemos equivocado.
A pesar de ser un centro de corrupción en potencia (si no ya una potencia corrupta), el Ayuntamiento de Marbella, bajo la dirección de la alcaldesa del PP, Ángeles Muñoz, ha inflado un poco más los ya bastante regordetes sueldos de tres directores de área.
Además de los 7.000 euros mensuales de sueldo, estos señores han recibido casi 1.800 euros más en concepto de productividad.
La supuesta austeridad de la que el PP hace gala en Marbella no deja de llamar la atención dado el estado precario de las arcas municipales y los últimos recortes en el consistorio.
La Alcaldía asigna directamente estos complementos de productividad, que varían de mes a mes. En noviembre el Ayuntamiento gastó casi 300.000 euros en este concepto cuando se anunció la retirada definitiva del seguro médico privado a la mitad de la plantilla municipal.
Entre los funcionarios que han sumado hasta 1.800 euros se encuentra Jorge González, jefe de los Servicios Jurídicos de Urbanismo -conocido porque su declaración sirvió para abrir el Caso Malaya- mientras que el viceinterventor y el vicesecretario han ganado más de 2.000 euros extras sobre su sueldo.
Pero, ojo al dato, como suele ocurrir en este país, todo se debe a un error. Of course.
El coordinador de personal del Ayuntamiento de Marbella, Carlos Rubio, ha dicho que los cargos de confianza “no cobran productividad” y lo atribuye todo a un error en la elaboración de los listados oficiales de complementos que se viene produciendo desde hace cinco meses y, según él, no se puede subsanar hasta principios del año que viene.
O nunca, total, como en España hay impunidad del tipo saecula seculorum....¡qué más da! ¿No?