En Reino Unido, lo de gobernar se lo toman muy en serio. Sea cual sea la ideología del partido mayoritario en el palacio de Westminster, todo aquel que pueda salpicar, por pequeña gota que sea, al gobierno, renuncia ipso facto antes de que la prensa y la opinión pública se le vengan encima.
El propio Peter Mandelson, el cerebro detrás del Nuevo Laborismo que permitió la victoria electoral al partido de la izquierda al acercarlo al centro por las orejas, fue tres veces ministro con Blair, y dos de ellas tuvo que renunciar al cargo antes de que un escándalo fuese a más. Cosas de los británicos.
Ayer, la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, estuvo en el Congreso para defenderse como gata panza arriba contra los que piden su dimisión; la segunda vez que se lo piden tras el fiasco en el aeropuerto del Prat el año pasado. Ella se presentó con varias cifras bajo el brazo, que avalan su buena gestión, para encarar a los políticos que pedían su cabeza en una bandeja de plata. También llevaba alguna que otra frase que marcó la jornada.
Entre las más divertidas, aquella que dice “Bendito sea el día en el que el presidente del Gobierno decida que debo dejar el cargo". Pues sí, bendito sea ese día, porque hasta que llegue, la ministra no tiene intención de irse a freír ni espárragos, ni ninguna otra planta. Ella en sus trece.
Además, da por hecho que, al igual que un tal F. Trillo (que dicen quiso dimitir, pero su jefe le convenció para que no lo hiciera), ella tiene al presidente de su lado. No se sabe si trata del derecho, o del izquierdo.
"Me iré cuando lo decida el presidente, ni un minuto antes. No voy a salir corriendo ni a esconderme de los problemas", declaró la señora Álvarez. Nadie la ha acusado de esconderse de ellos, más bien se le ha acusado de no resolverlos. ¿No?
Bien es cierto que su pecado no fue fletar un avión ucraniano en mal estado para transportar a militares españoles. Y también se puede entender que lo que ha pasado en Cataluña últimamente no se le puede achacar a su gestión únicamente - ya se encargó ella de achacar estos lodos a aquellos polvos-.
Sin embargo, la oposición en el Congreso - PP, CiU, ERC e IU-ICV-, dejó algo bastante claro ayer: la ministra, quizá no tiene la culpa, pero tampoco tiene la solución. Y si no tiene eso, ¿para qué nos sirve esta ministra?
Joan Herrera, portavoz de IU-ICV, al verse inmerso ayer en la insistencia de la ministra Álvarez de que se ha hecho lo que se ha podido, preguntó: "Si se han hecho las cosas tan bien, ¿por qué la gente está tan descontenta?". Algo que se estará preguntando más de uno.
Herrera también hizo una pregunta algo retórica a la señora Álvarez: "¿Cómo se explica que 600 personas se quedan encerradas en un tren, no se les diga por qué, y encima se felicite a Renfe por cómo ha actuado?". No se explica, se avergüenza uno de ello y se pasa página.
La ministra pidió disculpas y dijo que para septiembre habrá acabado el caos y para diciembre habrá llegado el AVE a Barcelona. Pero no fue suficiente.
Como para rematar la estocada, el señor Herrera le dijo a la ministra que, "O los dioses se han puesto en su contra o es que quizá no lo ha hecho tan bien como piensa". Yo creo que habrán sido los dioses.
Según sus declaraciones, cualquiera diría que la buena señora no está muy feliz con el cargo y quizá se pregunta si los dioses de verdad están en su contra. Ese “Bendito sea el día” le habrá salido del alma.
Da mucho que pensar la expresión. A lo mejor ella quería ser ministra de Cultura para poder ir a la Pasarela Cibeles, o a los Goya, y lo de las infraestructuras catalanas son, para la señora Álvarez, un soberano engorro.
Si le sirve de consuelo señora Álvarez, su foto ha agraciado hoy casi todas las portadas de periódico del país.
En cualquier caso, la Ministra tiene una virtud: a diferencia que el anterior ministro de Fomento, el señor Álvarez-Cascos (además de tocayos de ministerio, lo son de apellido), que cuando ocurrió la tragedia del Prestige siguió de caza, ella no se fue de caza. Se fue al Congreso a que la cazaran.
Si estuviésemos en Londres, seguramente hace una semana que Ms. Alvarez, hubiera renunciado al cargo y ahora estaría de vacaciones con el primer ministro en alguna playa de esas que aún conserva Reino Unido por el mundo.
Pero estamos en España, y aquí, por desgracia, nadie dimite ni a tiros. Menos el señor Bono. Pero claro, lo suyo fue escándalo-free y más bien porque le llegó el bendito día de mano de la Moncloa.