jueves 13 de diciembre de 2007

España cañí (no vendo voto)

Algo va mal en un país en el que sus calles, plazas y parques llevan el nombre de dictadores, generales golpistas, asesinos, secuestradores y extorsionadores. Algo va mal en un país en el que su población peca de tal ignorancia que increpa al gobierno de la nación por lo mal que va el sistema educativo, sanitario o de servicios sociales, cuando la gestión y funcionamiento de los mismos depende de los diferentes gobiernos autonómicos y municipales. Algo va mal en un país en el que, aún llendo mal esos servicios, la población sigue votando, una y otra vez, a aquellos que los gestionan desde los gobiernos autonómicos y municipales para favorecer intereses privados en detrimento de los públicos, en detrimento de ese pueblo ignorante que les ha votado y les sigue votando. Algo va mal en un país en el que la población se manifiesta por las calles haciendo hondear banderas con el buitre, el yugo y las flechas, coreadas con gritos xenófobos, racistas y fascistas. Algo va mal en un país en el que se contesta con risas gritos racistas como los escuchados en Totana, que, además, abogaban por el linchamiento de socialistas y gente de Izquierda Unida. Algo va mal en un país en el que un partido político mayoritario no cree en la extensión de derechos para todos los ciudadanos, en la reivindicación de la historia como desafrenta de aquellos que fueron asesinados de un tiro en la nuca en cualquier cuneta, que no cree en el diálogo, en el consenso, en la política, y sí en el "por mis cojones". Algo va mal en un país en el que se le paga a un representante del KKK por dar una conferencia ¡en una librería! Algo va mal en un país en el que los jóvenes protestan por el asesinato a sangre fría de una persona gritando "A por ellos como en Paracuellos". Algo va mal en un país en el que los ciudadanos que más confían en las instituciones y la policía no son oriundos de ese país.

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No es cierto, no es que algo vaya mal, es que eso es España. Ese es este país nuestro de Dalí, donde el surrealismo es el pan nuestro de cada día, donde el ciudadano peca de falta de capacidad para lograr captar el total, y sólo acierta a ver parte de esas esferas que pasan a su lado sin lograr ver el conjunto del cuadro de la Galatea. Pero porque quiere, porque lo prefiere así. Un país surrealista en el que la democracia se mantiene a base de pelear cada día contra los bizcos, los tuertos, los ciegos, los eunucos, los mancos, los mojigatos, los pánfilos, los majaderos, los mamporreros, los sordos, los demagogos... y, sin embargo, sobrevive. De forma milagrosa sigue respirando y bullendo a pesar de nazionalismos patrios o pecebreros, de radicalismos y conservadurismos. A pesar de todo, sobrevive. Puro surrealismo.

No es perfecta, ¿Para qué demonios querría nadie una democracia perfecta en el país de Dalí? es deseable, es hermosa una democracia en continua perfectibilidad, en continuo cambio, en continuo camino a lo que los ciudadanos quieran que sea, en continua construcción, estructuración, arreglo, guiso y sazón por la expresión de los votos de todos, incluso de los que no votan y, así, botan a la basura lo que piensan y expelen en las barras de los bares... tal vez porque ese sea el lugar que le corresponde a sus razonamientos. Al fin y al cabo, todo encuentra su lugar en el universo, como los votos en contra del movimiento continuo, en contra de la única excepción real a las leyes de la mecánica; siempre minoría, siempre gritando, siempre exagerando, siempre jodiendo, siempre queriendo sacar lasca, siempre blandiendo la cruz, la postura del misionero, las familias numerosas llenas de churumbeles descalzos con mocos colgando por la patria, todo por la patria, la españa en minúsculas de pandereta y faralay, el demonio con cuernos, rabo, hoz y martillo, el vuelva usted mañana, el spain is diferent, los reyes godos, el Cid que se vendió al mejor postor en Valencia - español de raza, sí señor-, la amenaza del moro, el tanto tienes tanto vales, el todo tiempo pasado fue mejor, el "que vuelva Paco, aunque sea de corneta". Puro surrealismo.

Pero yo no la cambio por nada. Sigue siendo la mía, la nuestra, la de todos; de los monosabios, de los mastuerzos, de los catetos papanáticos, del niño y la niña, de la chochona, de mi abuelo, de mi padre, de mi hijo, del coronado y del republicano, del euskaldún con txapela, del cántabro azul, del astur guerrero, del andaluz bético, del canario majorero, de todos. Y lo es porque así lo quisimos cuando votamos por el Parlamento democrático que salió de las urnas en 1977, y lo reflejamos en nuestro masivo sí a la Constitución que recoge nuestra idiosincracia, nuestro surrealismo genético y endogámico. Cuidado, eso no significa que la Constitución no se pueda cambiar, modelar, recolocar o estrujar, sino todo lo contrario.

Ya digo, puro surrealismo, el nuestro, propio, inevitable, inigualable, y me gusta.

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Suena de fondo "España cañí", de Pascual Marquina Narro.

Buenas noches, y buena suerte...

Ôo-~

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