Vendo voto del PSOE
España, Sarkozy y las castañas del fuego
Estos días de quejas contra el ministerio de Fomento y su abnegada (sobre todo negada) ministra, cualquiera diría que es el único ministerio que hace las cosas, si no mal, al menos de manera poco satisfactoria para muchos.
Sin embargo, no es el único. Para eso tenemos al Palacio de Santa Cruz, sede del ministerio de Asuntos Exteriores.
Estos días, nuestro planeta nos ha regalado dos situaciones que han demostrado una vez más que España no está sola en el planeta y que, por mucho que se empeñe en creer que además de salerosa, es el ombligo del mundo, no lo es desde hace algunos siglillos.
Primero Chad...
El domingo por la noche, como campeón de la cristiandad, como final de película donde el héroe hace una parada para hacer una última buena acción antes de regresar a casa a la aclamación del público, el presidente francés aterrizó en Torrejón de Ardóz en su avión presidencial y con intérprete adjunta (porque bien sabe que Monsieur Zapatero ne parle pas français) para llevar a España a cuatro damiselas en problemas, recién rescatadas del corazón de África. Todo un caballero, las mujeres primero.
Si alguna vez han visto la cara de un conejo cuando está a punto de ser atropellado por un coche entenderán la expresión del presidente de Gobierno el domingo noche durante la rápida visita de Sarkozy.
Lo que no tiene explicación es la pinta del señor Moratinos que parecía que le acababan de sacar de la cama y que estaba ahí muy a regañadientes y medio dormido. Las azafatas parecían entender por qué tenían que posar en ese escenario. Ellas, y la comitiva gala, las únicas que parecían estar a la altura.
Zapatero y Sarkozy repitieron una y otra vez (porque Zapatero bien sabía la que le iba a caer encima pues los medios llevan desde que empezó la crisis preguntando qué demonios hace el ministerio de Exteriores que ha dejado a la tripulación de Girjet a su suerte) que ambos gobiernos han trabajado juntos en este tema.
Hoy en la SER, hemos tenido que soportar la vergonzosa defensa por parte del ministro de Interior, de la actuación española en la crisis. De entre todas las perlas que el señor ministro dispenso a las críticas, la más gorda es esta, la acusación de nacionalismo diplomático.
Y reza así: "Probablemente si hubiéramos sacado la cabeza, tal y como un diario reclama hoy en un afán de nacionalismo diplomático, igual resulta que no vuelven las azafatas españolas".
Lo siento señor Rubalcaba, pedir al ministerio que actúe no es ningún afán nacionalista de nada. Tener que soportar el bochorno de que venga Francia a sacarle las castañas del fuego a España tampoco se quita con ese afán nacionalista que no viene a cuento.
Con todo el respeto del mundo, su respuesta le desmerece a usted, a su ministerio, y al Gobierno que le puso ahí. Nadie pide imposibles al ministerio, pero un poco de iniciativa sí que se puede pedir. Por no decir interés.
Igual resulta que funciona.
Pedir al ministerio y al gobierno que actúen cuando llevan aparentemente varios días sin interesarse demasiado por el tema, y sin, aparentemente, tener la suficiente imaginación ni iniciativa para negociar con el gobierno de Chad, el segundo país más corrupto del mundo según Transparency Internacional, tampoco obedece a ningún afán nacionalista. Tampoco lo es el esperar que los funcionarios que viven del erario público que pagamos todos los españoles estén a la altura y no de puente en Marruecos escuchando al Lebrijano en plena crisis diplomática, como estaba Miguel Ángel Moratinos.
Pero parece ser que, al igual que en Fomento, que no fomenta nada más que desidia últimamente, en Exteriores no exteriorizan nada. La excusa “no tenemos relaciones diplomáticas con ese país” quedó vieja a los dos segundos de haberse producido, porque aunque España no tenga lazos diplomáticos con Chad, si que tiene un ministro con Ministerio que bien pudo, pero no quiso, hacer algo para ameliorar la crisis y la condición de los españoles en Chad. Y también tiene un presidente que parece ser que de Chad no sabía ni el prefijo telefónico.
Mejor era mandar a la embajadora de España en Camerún hasta Chad a ver como estaba la tripulación que se vio totalmente desamparada por su gobierno. Si la mandaron sólo para eso, mejor que se hubiesen ahorrado el billete de avión.
España, como potencia media (según la OTAN), como octava economía del mundo (según la prensa), como país Europeo y "líder" del mundo hispano (según algunos), ya no puede darse el lujo de la alcahuetería internacional.
España, cuya economía e intereses son de ámbito global desde hace años, no puede seguir por este derrotero pueblerino.
¿Y que más dijo el señor Rubalcaba?
“No importa quien va, lo importante es quien viene”, sí, muy bonita la frase pero suena a tango, y estas personas necesitaban otra cantinela por parte del Gobierno español.
“¿Pero qué puede hacer España si no tiene embajada en Chad?” preguntó el señor ministro.
La respuesta, señor Rubalcaba, está escrita en el viento, porque parece ser que en ni en Moncloa ni en Santa Cruz (palacios ambos) la tienen.
Vergonzoso.
...Y luego Marruecos
Y hablando de afanes nacionalistas, me pregunto que pasaría si, como en su día hizo el líder de la oposición, el señor Rajoy cogiera un vuelo hacia Rabat, ahora que Marruecos ha llamado a su embajador en la Villa y Corte a consultas.
Qué cosas tiene la vida ¿no?
Si yo fuese el señor Rajoy, ya tendría los billetes de Iberia más que comprados para ver si recupero un poco de credibilidad política y de paso, le daba al Gobierno lo único que en verdad les duele a los políticos: una cucharada de su propio chocolate.
Ni qué decir tiene que el reino de Marruecos, un país no democrático, del cual España es su principal inversor, se ha pasado dos pueblos y un islote al montar la que está montando por la visita de los reyes de España a Ceuta y Melilla, dos ciudades que nunca han sido marroquíes (una de ellas fundada por los romanos), como tampoco lo han sido las islas Canarias, reclamadas por Rabat ya que estamos en el tema.
Desde los años 1970, ningún gobierno español en democracia ha sabido bien como lidiar con Marruecos en este tema.
Tenemos un vecino que insulta, incordia, y encima se hace la víctima, además de reclamar como propio cosas que no lo son porque, para empezar, nunca lo fueron.
Sin embargo, ningún Gobierno ha sabido como contestar a Marruecos de manera efectiva. Y la mejor prueba de ello es ver como Rabat lidia con París, y como lo hace con Madrid. A uno le respeta, y al otro le espeta. Uno se hace respetar, y el otro no.
¿Qué hacer ante la hostilidad del Gobierno (que no es decir el pueblo llano) marroquí?
Mucho, pero lo que no puede hacer es nada. Y, obviamente, nada va a hacer, porque no entiende que a Marruecos, como a cualquier otro país, hay que tratarlo con respeto. Pero primero tiene que respetarse a sí mismo.
Dado que el Gobierno y la Constitución españolas consideran que tanto Canarias como las ciudades del norte de África son territorio español, el Gobierno no tiene otra opción que lidiar con Marruecos de manera que su Gobierno entienda que lo que reivindica como propio es algo que éste no está dispuesto a dejar ir bajo ninguna circunstancia. Las razones del por qué sobran, pero hay que ser coherentes y contundentes; tanto con Marruecos como consigo mismo.
No olvidemos aquella mamarrachada que fue la “toma” y la "reconquista" del islote del perejil hace unos años.
Y si España se las da de potencia media (aunque la OTAN no le deje de recordar cada dos por tres que tiene que gastar más en defensa), que actúe en consecuencia y con contundencia.
Pero no. No va a pasar.
Seguiremos como vaca sin cencerro en política internacional.




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